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Malevolencia

🩸 Malevolencia

En un pqueño pueblo olvidado por los mapas, se leventaba una mansión de piedra ennegrecida por el tiempo. Nadie se atrevía a entrar, pues se decía que allí habitaba una fuerza sin nombre, un viento de odio que no necesitaba cuerpo para existir.

Desiré, jovén investigadora de fenómenos paranormales, decidió desafiar las advertencias. Se adentró en el umbral de la mansión dispuesta a todo lo necesario para descubrir y averiguar sus secretos. El polvo hacía difícil respirar, y las arañas que de pasada veía, eran de un tamaño considerable. En las paredes las sombras parecían moverse esporádicamente.

En un gran salón encontró un enorme espejo, cubierto de polvo grisáceo, al limpiarlo, no reflejó su rostro, sino una figura oscura con ojos incandescentes. La voz que emergió del cristal no era humana:

-Yo soy la malevolencia. No necesito carne ni hueso, solo tu miedo para existir.

Las ollas comenzaron a hervir sin fuego. De ellas emergieron manos, ojos y lenguas que se mezclaban como ingredientes. Una voz profunda resonó:

Desiré intentó retroceder, pero el suelo se abrió bajo sus pies. El espejo comenzó a succionarla conscientemente, mostrando escenas de dolor y violencia que no eran suyas, pero que sentía como recuerdos propios.

El tormento

Cada paso que daba dentro de la mansión la llevaba a habitaciones distintas, todas idénticas: paredes rojas, puertas cerradas, y un murmullo constante que repetía su nombre. La malevolencia se alimentaba de su desesperación, multiplicando los pasillos, borrando cualquier salida.

En un último intento, Desiré encendió su grabadora y gritó:

-¡No me tendrás!

La cinta registró su voz, pero también otra, más profunda, que respondió:

-Ya te tengo.

Epílogo

Semanas después, los vecinos escucharon ruidos provinientes de la mansión. Al entrar, solo hallaron la grabadora en el suelo. En ella, la voz de Desiré se repetía una y otra vez, mezclada con un susurro malvado e indescifrable.

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