🩸 La Cocina del Terror
En un pqueño pueblo asturiano, había una casa abandonada que todos evitaban. Su fama no provenía de fantasmas en los pasillos ni de ruidos nocturnos, sino de un lugar muy concreto: la cocina.
Los vecinos contaban que, cada vez que alguien entraba allí, el olor a carne asada se mezclaba con un hedor insoportable, como si la comida estuviera podrida y viva al mismo tiempo. Nadie sabía de donde provenía, pues las alacenas estaban vacías y las ollas oxidadas.
Una noche Mariam, estudiante de gastronomía obsesionada con recetas antiguas, decidió entrar. Quería descubrir el secreto de aquella cocina. Al encender su linterna, vio que las paredes estaban cubiertas de manchas oscuras, como grasa reseca, pero al tocarlas notó que estaban húmedas y palpitaban.
En la mesa de madera, había un libro abierto con recetas escritas en sangre. Cada plato llevaba nombres grotescos: Sopa de almas, Estofado de niños perdidos, Pastel de vísceras. Mariam, horrorizada, intentó retroceder, pero la puerta se cerró sola.
Las ollas comenzaron a hervir sin fuego. De ellas emergieron manos, ojos y lenguas que se mezclaban como ingredientes. Una voz profunda resonó:
-Aquí se cocina el hambre eterna.
Mariam gritó, pero la cocina respondió con un coro de cuchillos que se afilaban solos. El suelo se abrió bajo sus pies y la arrastró hacia un horno encendido. Antes de ser consumida, alcanzó a leer la última receta: Carne de intruso.
Epílogo
Al día siguiente, los vecinos notaron un nuevo olor en el aire. Un aroma dulce, como pan recién horneado, que se mezclaba con el hedor habitual. Nadie se atrevió a entrar, pero todos supieron que la cocina había preparado su plato más reciente.