🩸 La Premonición
Desde hacía semanas, Clara soñaba con una casa que conocía. Siempre la misma: una fachada gris, ventanas selladas con tablones, y una puerta roja que palpitaba como si tuviera corazón. En el sueño, ella caminaba hacia la puerta, la abría, y encontraba una habitación vacía con un espejo. Al acercarse, el reflejo no era suyo.
Una noche, el sueño cambió. El espejo mostraba a su madre llorando, con la cara cuberta de ceniza. Al fondo, una figura alta y encapuchada se acercaba lentamente. Clara despertó gritando, con el sabor metálico del miedo en la boca.
El aire se volvió pesado. Las sombras se alargaron, y en ellas se dibujó una figura imposible: un cuerpo humano abierto en dos, que caminaba como si la herida fuera su motor. Sus ojos no miraban, pero lo sentían. Cada paso dejaba un rastro de sangre que no se secaba, sino que se extendía como raíces por el suelo.
Intento ignorarlo. Pero al día siguiente, mientras paseaba por un barrio antiguo de la ciudad, se detuvo en seco. Allí estaba. La casa. La puerta roja. Exactamente como en el sueño.
La curiosidad venció al terror. Se acercó. La puerta estaba entreabierta. Dentro, el aire olía a humedad y madera podrida. El pasillo conducía a una habitación vacía. Y en ella, el espejo.
Clara se acercó. Esta vez, el reflejo era el suyo. Pero detrás de ella, en el cristal, apareció la figura encapuchada. Se giró. Nada. Volvió a mirar. La figura estaba más cerca. Su rostro era una máscara de carne cosida, sin ojos, sin boca. Solo piel.
El espejo comenzó a vibrar. Clara quiso correr, pero sus piernas no respondían. La figura levantó una mano y la apoyó en el cristal. Del otro lado, una mano idéntica emergió... y la agarró.
Clara desapareció. La habitación quedó vacía. El espejo, intacto.
Dias después, la casa fue demolida. En los escombros, los obreros encontraron un espejo roto. Y en uno de los fragmentos, aún podía verse el rostro de Clara, atrapado, gritando sin sonido.