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La Pelea de los Lobos

🩸 La Pelea de los Lobos

En el pueblo de Valdecruces, los ancianos advertían que en las noches de luna llena no debía mirarse hacia el bosque. Decían que allí, entre los pinos retorcidos, los lobos peleaban por algo más que territorio: luchaban por almas.

Esa noche, Tomás, incrédulo y curiosos, decidió comprobarlo. Se internó en el bosque con una linterna y un cuchillo de caza. El aire estaba helado, y el silencio era tan denso que cada crujido de rama parecía un grito ahogado.

De pornto, un aullido desgarrador rompió la calma. Luego otro, más grave, mas profundo, como si viniera de las entrañas de la tierra. Tomás apago la linterna y se escondió tras un tronco. Frente a él, en un claro iluminado por la luna, dos lobos gigantes se enfrentaban. Sus ojos brillaban con un fulgor antinatural: uno rojo como brasas, el otro blanco como hueso.

La pelea comenzó con un choque brutal de fauces y garras. La sangre oscura manchaba la nieve pero lo más aterrador era lo que ocurría alrededor: las sombras de los árboles se agitaban como si fueran espectadores, y cada golpe parecía arrancar un suspiro del bosque entero.

Tomás comprendió que no eran lobos comunes. Eran entidades opuestas, fuerzas que se disputaban algo invisible. Cuando el lobo de ojos rojos derribó al de ojos blancos, un viento helado recorrió el claro y Tomás sintió que su pecho ardía. El lobo vencedor lo miró directamente, y en ese instante lo entendió: la pelea no era por el territorio, era por él.

Intentó correr, pero sus piernas no respondieron. El lobo rojo se acercó lentamente, y cada paso hacía que el bosque se oscureciera más. El otro lobo, agonizante, levantó la cabeza y aulló con un sonido que parecía un ruego. Tomás sintió que debía elegir.

Con un último esfuerzo, gritó hacia el lobo blanco, como si su voz pudiera darle fuerza. El animal se levantó tambaleante y embistió al rojo, ambos desaparecieron en un torbellino de sombras y nieve. El silencio volvió.

Tomás cayó de rodillas, temblando. Al mirar sus manos, descubrió que estaban manchadas de sangre que no era suya. Desde entonces, cada luna llena, escuchaba dos aullidos enfrentados en su mente. Y sabe que la pelea de los lobos aún no ha terminado... porque ahora ocurre dentro de él.

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