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La Moto del Infierno

🩸 La Moto del Infierno

En la carretera secundaria que atravesaba los montes asturianos, los camioneros hablaban de un rugido metálico que se escuchaba en las noches sin luna. No era el sonido de un motor común, sino un estruendo profundo, como si las entrañas de la tierra se abrieran para dejar escapar un demonio.

La leyenda decía que aquel ruido pertenecía a la Moto del Infierno, una máquina negra, cubierta de llamas espectrales que no consumían el metal, pero sí la carne de quienes se cruzaban en su camino.

Un joven mecánico, obsesionado con las historias, decidió comprobarlo. Una madrugada, armado con su linterna y su cámara, se apostó en el arcén de la carretera. A las tres en punto, el silencio se quebró: un rugido atronador se acercaba, acompañado de un olor a azufre y gasolina quemada.

La moto apareció envuelta en humo rojo. Su conductor llevaba un casco sin visera, y en lugar de rostro, se veía un cráneo ardiente con los ojos de carbón encendido. El mecánico intento grabar, pero la cámara se fundió en sus manos. El calor era insoportable, y el aire se llenó de gritos que no provenían del motorista, sino de las almas atrapadas en el escape de la máquina.

El joven corrió hacia el bosque, pero la moto lo siguió, atravesando árboles como si fueran humo. Cada vez que el motor aceleraba, el suelo se abría dejando ver brasas y huesos. Finalmente, la moto lo alcanzó. No hubo chocque, simplemente fue absorbido por las llamas, convertido en parte del rugido eterno.

Desde entonces, en las noches más oscuras, los vecinos aseguran que el rugido suena más fuerte, como si la moto hubiera ganado un nuevo pasajero. Y en el viento, entre el olor a gasolina y azufre, se escuchaba un grito desesperado: el del mecánico, condenado a cabalgar para siempre en la Moto del Infierno.

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