🩸 La Mansión
Cuando Mirian heredó la mansión de los Montfort, pensó que era el inicio de una nueva vida. El edificio, oculto entre bosques húmerdos y niebla perpetua, se alzaba como una reliquia olvidada: techos altos, pasillos interminables, y retratos cuyos ojos parecían seguirla.
La primera noche, escuchó pasos en el piso superior. Pensó que era el crujir de la madera. La segunda, los pasos se detuvieron frente a su puerta. La tercera, alguien susurró su nombre.
Exploró la casa con una linterna. En el sótano encontró una puerta sellada con símbolos tallados en la piedra. Al tocarla, sintió un escalofrío que le recorrió la columna. Esa noche soñó con una mujer vestida de luto que le decía: "No abras. No despiertes lo que duerme."
Pero Mirian no obedeció.
Al siguiente día, contrató a un albañil para romper el sello. Tras horas de trabajo, la puerta cedió. Dentro, una habitación circular, sin ventanas, con un espejo negro en el centro. En él, no se reflejaba. Solo veía a la mujer del sueño, llorando sangre.
Desde entonces, Mirian dejó de dormir. El espejo comenzó a susurrarle cosas. Le hablaba de los Montfort, de pactos antiguos, de un huésped que nuca debió ser liberado. Las paredes de la mansión comenzaron a cambiar: aparecían grietas que sangraban, retratos que se movían, relojes que giraban al revés.
Una noche Mirian desapareció.
La policía encontró la casa vacía. Solo quedaba el espejo, intacto, en el sótano. Y en él, el rostro de Mirian, atrapado, con una espresión infernal.
Hoy, la mansión está en venta. Nadie la quiere. Pero cada cierto tiempo, alguien entra por curiosidad. Y el espejo gana un nuevo reflejo.