Los muertos vivientes salieron de sus tumbas, gracias al poder de las muñecas siniestras, situadas en una vieja casa de la ciudad de Nueva Orleans.

Ojos blancos y espíritus malditos caminan ya hacia el sepulcro. La magia negra del vudú ha hecho su efecto. Las prácticas y enseñanzas antiguas han logrado lo imposible, hacer revivir a los muertos.

Mechones de cabello, objetos personales, intimidades secretas. Los muñecos vudú, malévolos y amenazadores, están rodeados de pétalos de flores, perfumes, dinero y ajo.

El ritual abre el camino a la posesión espiritual. El espíritu abandona el cuerpo es poseído por el malvado ente diabólico.

La magia roja del vudú permite que el malévolo ser tome posesión de sus pertenencias. Sus ojos cambian de color y se vuelven rojos, mostrando así la presencia del mal.

La magia roja se ha hecho con el poder y comienza el sacrificio. Decenas de animales son sacrificados para combinar la fuerza vital del animal con la fuerza vital del espíritu. El renacer del espíritu.

Sangre y carne se cocinan durante la ceremonia vudú. Los dioses observan impertérritos los sacrificios. La serpiente repta por el escenario del terror, con destino a la losa de sacrificios. Las lenguas de los asistentes a la ceremonia comienzan a parlotear lenguajes nauseabundos y extraños, de naturaleza espiritual.

Marfil huesos y huevos representan a los menores de edad, jóvenes y desvalidos, discapacitados y deformes, cuyas almas son transportadas más allá de la muerte. Un silbido siniestro se escucha en la reunión.

Los muertos vivientes vuelven al sepulcro. La ceremonia ha terminado.

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