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La maldición de Tutankamón es una de las leyendas más conocidas de Egipto. La tumba de Tutankamón fue descubierta en 1922 tras 3.000 años oculta. Las muertes de los principales descubridores popularizaron esta leyenda. 

Desde el descubrimiento de la tumba de Tutankamón, miles de visitantes empezaron a realizar visitas. Algunos de éstos murieron a los pocos días, la muerte más llamativa fue la de uno de sus propios descubridores, Lord Carnarvon, que murió repentinamente a causa de la picadura infecciosa de un mosquito. A su fallecimiento le siguieron el de numerosos miembros de su familia. 

Se dice que en el momento de la exploración de la tumba, se empleó un canario como guía, para constatar la presencia de oxígeno en las cavidades, pero éste fue devorado por una cobra en las inmediaciones del sepulcro. 

Los nativos y habitantes del lugar consideraron este suceso un mal augurio, pues el reptil era un viejo símbolo de la monarquía egipcia. 

La leyenda de Tutankamón dice que todo aquel que interrumpa el descanso eterno de una momia estará destinado a morir. Ya entrado el siglo XX la maldición fue popularizada, debido a la muerte de sus descubridores. 

Lo que más impactó a los periodistas de la época, fue descubrir en la autopsia de Tutankamón que éste tenía una herida justo en el mismo lugar donde a Lord Carnarvon le había picado el mosquito. 

Llegaron a sumar hasta 30 muertes y todas ellas se relacionaron con la apertura de la tumba, con lo que cada vez eran más los que creían firmemente en la maldición de la momia. 

Del total de las personas que hicieron una visita a la tumba, ocho personas murieron, siendo todas, por causas totalmente naturales. 

Sin embargo, otras muchas muertes que se produjeron con la maldición, se debió a la relación con un posible hongo mortal, que podría haber crecido en la tumba en la época del descubrimiento. 

Para otros la maldición es real, y se apoyan en el «Papiro de Nu«, perteneciente a El Libro de los Muertos, conservado hoy en día en el Museo Británico. Para éstos, la momia es un cadáver que regresa físicamente del más allá para atormentar a los vivos, un resucitado que viene con sed de venganza, para ajustarnos las cuentas, dispuesto a hacernos daño, y a acabar con nosotros de forma brutal. 

En la foto anterior se puede ver una de las representaciones más famosas, el «pesado del corazón de Ani junto con una pluma que representa a Maat«. Es el símbolo de la armonía cósmica en la cultura egipcia. Después de confesar que se era puro, era cuando había que demostrarlo. Para ello era necesario pesar el corazón del difunto, en lugar en donde quedaban grabadas todas las acciones llevadas a cabo en vida. La gran balanza de oro es manejada por Anubis, mientras Thot, el dios de la sabiduría, tomaba nota sobre un papiro, ante la acechante mirada de Ammut, el devorador. En un plato, el corazón del difunto; en el otro; la pluma de la justicia de la diosa Maat. Los dos debían estar equilibrados para que Osiris permitiera el paso de la momia hasta su reino de los muertos, los campos de Ialu. En caso de no ser así, indicaba que su vida había estado cargada de pecados y malas acciones, por lo que era engullido por Ammut

En la época de los antiguos Faraones la esperanza de vida no llegaba a los treinta años, con lo que los egipcios tenían por costumbre comenzar pronto a prepararse para la otra vida. 

Los antiguos Faraones eran adorados como dioses y por eso se construyeron las grandes pirámides de Guiza, para albergarlos. Los Textos de las Pirámides, son los escritos religiosos más antiguos de la Humanidad. Estaban reservados exclusivamente para el Faraón y su esposa, algunos tenían como finalidad ayudar al resucitado a alcanzar con éxito el reino de Osiris, la divinidad más importante del mundo funerario para los egipcios. 

Los textos jeroglíficos del Papiro de Nu, eran para ellos un texto mágico, que debía de ser declamado a viva voz por el difunto para poder traspasar una puerta, cruzar un peligroso lago de fuego, conocer el nombre del guardián del lugar y descubrir los entresijos de un complicado laberinto. 

Los egipcios además practicaban complejos rituales funerarios con los que pretendían garantizar el descanso eterno. La momificación era parte fundamental del proceso, y cualquiera que se atreviera a profanarla sufriría en la posteridad las viejas maldiciones de los sepultados. Lo mismo ocurría con los objetos sustraídos pertenecientes al difunto.

En 2007, un joven alemán (cuyo nombre nunca fue revelado por las autoridades) viajó a Egipto para devolver una pieza aparentemente maldita. Su periplo comenzó unos años atrás, cuando su padrastro exploró el Valle de los Reyes y recogió un objeto (una pequeña estatua de Osiris), como recuerdo de su viaje. Cuando volvió a Europa, el ladrón fue aquejado por una extraña fatiga, fiebre, parálisis y finalmente la muerte. La familia concluyó que el hombre continuaría sufriendo aún después de muerto, y determinó, que la única forma de acabar con su maldición sería devolviendo el objeto a su lugar de origen. 

Otro de los grandes misterios relacionados es el de la estatua de Neb Sanu que giraba lentamente al cabo del día para luego permanecer inmóvil durante la noche. El suceso se hizo viral cuando las grabaciones de las cámaras de seguridad del Museo donde se encontraba se vieron en Internet. Este suceso provocó un cúmulo de teorías, y todas coincidían en lo esencial, que el objeto había sido poseído por el espíritu errante del propio Neb-Sanu

Aunque se ha estudiado el fenómeno, y los expertos han concluido mediante sensores situados bajo la vitrina donde está la estatua, y los cuales, han concluido que se debía al tráfico intenso de las hora punta por su coincidencia, el hecho no deja de ser una paradoja. 

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