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Era casi medianoche cuando Jorge, de diez años, estaba sólo en su habitación, cuando de repente se aterrorizó. Una canción psicodélica sonó a través de la habitación vacía. La radio se había encendido sola. 

Jorge permanecía paralizado, encerrado en estado de angustia y sobrecogimiento, una forma aterradora de estar. Quería moverse o llorar, pero le fue imposible. Entonces él sólo escuchó la canción.

Esa fue la primera experiencia directa de Jorge con el mal aterrador, pero no la última. Con el paso de los años, los episodios de terror se fueron sucediendo. 

Esta es la primera fase de la actividad demoníaca, o la presencia demoníaca, los primeros pasos tentativos del diablo en un ser humano. 

En todas las víctimas de una presencia demoníaca, es común este inesperado inicio. 

Un respetado líder católico por sus creencias dijo: «Mis encuentros más frecuentes con el mal, involucran sombras negras y figuras que veo por el rabillo del ojo… incluso en azulejos, paredes, o cortinas, figuras de concentración del mal en estado puro. Éstas pueden parecer caras, caras deformadas demoníacas, símbolos del mal, como estrellas invertidas, etc. A veces, parecen moverse. 

En el caso particular de este líder católico, las figuras que veía por el perfil de la visión, casi siempre se movían, y cuando intentaba centrar la mirada, se fundía y una sombra negra fluida se difuminaba por las esquinas de la habitación, o hacia el techo de la misma. 

Veía estas cosas con frecuencia, según relata, casi todos los días. Sus encuentros son visualmente aterradores, con infestaciones de cuervos, alfombras de arañas, gatos que se reúnen para mirarlo desde el porche delantero de su casa, objetos que vuelan a través de la habitaciones de su casa y figuras inhumanas paradas en la profundidad de los pasillos en penumbra. 

La presencia del mal también se manifiesta a través de otros sentidos además de la vista. «Ocasionalmente escucho cosas, voces lejanas y entrecortadas». 

Otras víctimas de la presencia demoníaca, aseguran haber notado un intenso y fuerte olor a azufre. Luego veían un figura grotesca, un demonio de baja estatura, de aspecto realmente desagradable, deforme. Aveces recibían grandes sobresaltos, no aptos para cardiacos, del estilo de gritos, y ruidos ensordecedores. 

Según fuentes exorcistas del Vaticano, escuchar estos gritos, equivale a escuchar los lamentos de los condenados. 

Pro hay un fenómeno que se repite entre las personas que han sufrido una presencia demoníaca. El sentir que alguien en el lugar en el que se encuentran le está observando fijamente. 

Para algunos eclesiásticos existen tres órdenes de realidad. Existe la existencia divina, justo debajo está el mundo sobrenatural, el mundo de los espíritus, ángeles buenos o malos. Luego está el mundo natural, donde habitamos. Pero los seres humanos también participan en lo sobrenatural. Ellos creen que algunas personas están más en sintonía con el mundo sobrenatural que otras. En concreto, perciben mejor las presencias demoníacas. 

Para la Iglesia una de las mayores necesidades es defenderse del mal que llamamos Diablo. 

Para muchos el mal es una fuerza activa, un ser vivo y espiritual pervertido y que pervierte a los demás. Es una realidad terrible, misteriosa y aterradora. 

El Vaticano tuvo que publicar normas actualizadas de exorcismo en 1999, ante los comportamientos de las presencias demoníacas. 

Los demonios son una parte ineludible del Antiguo Testamento. Se nombran allí. Lucifer en Isaías. Asmodeo en Tobit, Satanás en Job. Y el Nuevo Testamento se asemeja a la venida de Cristo como Exorcista, que desciende a la Tierra para poner fin al reinado de ese hombre fuerte, Belcebú. En palabras de San Juan. «La razón por la que apareció el hijo del hombre fue para destruir las obras del diablo«. 

Alguna forma de creer en los demonios es parte de cada religión en todas las épocas, y el mundo diabólico persigue a los modernos sin religión, también. La mayoría de las películas de terror funcionan al sugerir que hay otra capa en el mundo, una que no vemos a menudo, la cual, está llena de oscuridad. Pincha un poco, y el caos se expande.

Algunas víctimas de las presencias demoníacas, han llegado a expresar que lo que les acecha, tiene algún tipo de instinto animal, y que carecen de la inteligencia como tal conocida. 

Se ha señalado que el diablo, al rechazar el bien supremo de Dios, también rechazó los bienes secundarios, como la inteligencia, pero eso no significa que no sea inteligente. Un exorcista reconocido dijo una vez que lo que nunca se debe hacer es razonar con el diablo. 

Podríamos concluir que la naturaleza del mundo demoníaco tiene un sentido. La presencia demoníaca pretende una colaboración de voluntad malévola, con un insecto desconocido y altamente desarrollado que nos odia y que quiere estar con nosotros para siempre. 

Hay que tener en cuenta que si la primera fase de la presencia demoníaca, viene por iniciativa del diablo, la segunda fase viene por nuestra cuenta. 

Hay dos formas para que el diablo entre en una persona, una el pecado, la segunda es una persecución a una persona buena, con el fin de corromperla. 

La presencia demoníaca se puede producir de cuatro formas. La primera es la infestación (como en las casas con fenómenos inexplicables), la segunda la obsesión (una persona es acosada directamente por el diablo, ya sea por medio de tentaciones intensas o por un suceso particular de la vida personal). La tercera es la opresión. Un ataque externo de espíritus malignos a una persona, que acaban con el ánimo y el control de la persona. También por medio de sucesos externos para asustar a la persona, como sacudir o hacer temblar la cama cuando la persona está en ella. La forma más grave de todas es la posesión, que puede ser parcial (que significa que está en cierta parte del cuerpo), y la posesión total (que significa que el diablo toma el control de la conciencia de la persona.