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Planeta Perdido.PDF

El mundo como lo conocemos había cambiado irremediablemente, la civilización estaba diezmada, la humanidad se había perdido, debido al odio, el rencor y la sed de sangre. Los pocos privilegiados que podían vivir cómodamente, se sentían inseguros. La destrucción parecía no conocer límites.

Entre los privilegiados, había un pequeño grupo, que había conseguido desarrollar una nave espacial, para explorar la habitabilidad de un planeta, cercano a Urano. Los preparativos se habían acelerado los últimos días, y estaban ansiosos, por despegar hacia el nuevo horizonte. 

Partieron en la nave un domingo por la mañana, cuando la climatología les era bastante favorable. El viaje duró unos 90 días, de los cuales, la mayoría los habían pasado con somnolencia, debido a la receta diaria de ansiolíticos que se tragaban para calmar sus nervios y sus mentes. 

Al alcanzar el suelo del planeta, vieron con claridad el entorno circundante, y les dejó boquiabiertos. Nada era como en su planeta, nada era reconocible, por sus características, ni había semejanzas entre ambos. Sus ojos presenciaron un suelo de luz reflectante, que destellaba halos de luz uniformes y continuos. El silencio era una constante, sólo roto por el sonido de sus botas espaciales. Avanzaban temerosos y con extrema cautela, ante lo desconocido. 

Transcurridos los primeros minutos, sus pensamientos se habían vaciado, tan solo contemplaban con estupefacción, las armoniosas formas que encontraban a su paso. Desde figuras geométricas irregulares, de colores chillones, hasta lo que parecía un polvo en suspensión de partículas blanquecinas, que hacían remolinos en torno a ellos. Todo a su alrededor era, como mínimo, sorprendente. 

Miraron el indicador del nivel de oxígeno atmosférico, y los parámetros estaban indicando, según los registros, que el aire era respirable en un 96%. Así que decidieron, sortear entre ellos, quien sería el primero en comprobar, quitándose el casco, las consecuencias de dicha maniobra. Hecho el sorteo, el miembro que había sido elegido, no sabía muy bien lo que hacer, no se atrevía, estaba totalmente paralizado y aterrorizado. El resto rápidamente lo increpó sin miramientos, para que hiciera lo que habían acordado entre todos. Y lo hizo. 

Sí, la suerte estaba de su lado, ya que pudo pasar el primer minuto de respiración jadeante, sin que cayera fulminado en el suelo. Algunos bromeaban, y se lo tomaban con júbilo y regocijo. Uno a uno fueron desprendiéndose del casco, y continuaron su exploración. 

La fascinación del entorno no había cesado, a cada tramo recorrido, se encontraban con sorprendentes objetos, como por ejemplo, unas gotas azuladas y ovaladas que flotaban como en el mar, pero en el aire, o rayos de luz rapidísimos que cruzaban sobre sus cabezas con extrema velocidad. Pero ni rastro de vida alienígena. 

Todo cambió cuando empezaron a ver una depresión en el suelo, parecida a un acantilado. Se acercaron con lentitud, para poder llegar al borde. En la línea que separaba el borde de la profundidad, se apreciaba una luz azulada, muy luminosa. Ninguno de los presentes, quería llegar hasta el borde mismo de aquél especie de abismo azul. Así que volvieron a su viejo método, y comenzaron un nuevo sorteo. 

A alguien le tenía que tocar, y esta vez fue a otro. El que había salido elegido la anterior vez, respiró profundamente con alivio. Su cometido era acercarse al borde y lo hizo. Se mantuvo a una distancia de unos dos metros. Distancia suficiente para poder contemplar con amplitud lo que estaba por debajo de sus pies. Era un mar de serpientes escamosas, con cuernos brillantes y afilados que se cazaban unas a otras y se devoraban. Petrificado, solo podía contemplar aquella salvaje visión, con profunda intranquilidad. Oyó el rugir de aquellas extrañas serpientes, y los feroces ataques mutuos. 

Tenía ya pensado retroceder para comunicárselo al resto, y empezar los preparativos para salir del planeta inmediatamente. Pero sólo se quedó, en eso, en la intención, puesto que desde el profundo abismo, salió disparada una de las serpientes y lo hizo pedazos. El resto, vió semejante ataque trágico, y alguno de ellos hasta se desplomó. Todos fueron despedazados en pocos segundos. La incursión en el planeta, había sido un error irremediable. 

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