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EL INICIADO

El día señalado en el calendario, había llegado para Mark. Acudió presuroso y puntual a la cita, en la dirección que le habían indicado. Se trataba de un castillo antiguo de grandes dimensiones, el cual, se rodeaba por jardines muy bien cuidados y con estilo. Cada pequeño detalle asombraba a Mark, podría decirse que hasta casi le maravillaba. El cuidado de los arbustos, la suavidad de las formas, los numerosos adornos y decoraciones.

La perfección estaba en los detalles. Reinaba en el lugar un silencio poco habitual. La decoración gótica de la fachada, con plenitud de símbolos, era sin duda, de extrema elegancia.

Todo en su conjunto, desprendía una sensación de misterio, un reflejo de una sociedad opulenta, burguesa incluso, con reminiscencias de antigua escuela universitaria.

El interior del castillo era un portento de iluminación. Su gran altura permitía que el recinto interior, dejara pasar la luz a través de enormes y coloridas cristaleras de estilo similar al gótico. Había infinidad de símbolos y representaciones de las diversas religiones, todos entremezclados en aparente armonía. Mark los identificaba claramente.

Pudo observar, a medida que recorría los pasillos del castillo, las enormes figuras de mármol que irradiaban una potente blancura. Estaban perfectamente esculpidas y pulcras, y las mismas, parecían vigilar poderosas aunque inertes, las estancias del castillo.

Muchas de las figuras representaban a los grandes emperadores romanos, que a su vez estaban dominados por las figuras clásicas de la cultura greco-romana.

Mark tenía nociones y conceptos oscuros y extraños que se iban produciendo en su cabeza. Nociones como el humanismo que liberaba al hombre de las oscuras tinieblas, y le invitaba a entrar de lleno en la luz. Para muchos la luz era entendida como la sublimación y ensalzamiento de la divinidad. Para Mark suponía una idea simplemente sublime. En este sentido, ya había recibido algunas indicaciones sobre la importancia y trascendencia de la luz en los miembros de la organización. Éstos, consideran la luz como el elemento más noble y el más esencial de todos los fenómenos naturales conocidos, el único elemento menos material, y el más próximo y cercano a lo que ellos denominaban la forma pura.

Nada conocía Mark sobre la iniciación que debía llevar a cabo, así que, cuando llegó el día, estaba un poco asustado, todo ello a pesar de que le habían recomendado guardar una cierta calma, y desprenderse de cualquier temor ante la iniciación como miembro de la Orden.

Había llegado el momento, la hora, el lugar, la fecha de la iniciación era hoy.

Se levantó muy temprano para desplazarse hasta el lugar indicado. Estaba como en un estado ausente, como si se hubiera quedado en blanco de repente. Sin embargo la noche anterior durmió plácida y sosegadamente. Se miró en el espejo un instante, y abrió un pequeño bote de comprimidos farmacéuticos, que un miembro de la orden le había proporcionado. Se tomó dos, según le habían indicado, con un vaso de agua. A continuación salió de su casa camino de su destino. Ahora ya estaba bastante más nervioso, y mucho más preocupado. Se apresuró para llegar sin demora a la hora  justa señalada, en el lugar indicado.

Llamó al timbre de la puerta principal e inmediatamente le abrió la puerta un señor entrado en años, con el pelo cano y de aspecto pulcro y elegante. Vestía una túnica plateada de seda, y rodeaba su cuello un collar púrpura que portaba los emblemas principales de la Orden. Inmediatamente le indicaron que debía de vendar sus ojos, y le colocaron con parsimonia y delicadeza, un pañuelo de color negro alrededor de su cabeza. Mark entró de lleno en la más profunda oscuridad. No podía ver ni un sólo atisbo de luz, ni artificial ni natural, ni de ninguna clase. Sus pensamientos quedaron bloqueados, en penumbra por unos instantes, hasta el punto de no poder recordar nada, ni tener consciencia de nada. Esta sensación cesó, al ser agarrado por un brazo con decisión. También notó sobre sus hombres, lo que serían dos manos que sujetaban y empujaban su cuerpo, levemente, hacia adelante.

Le guiaron sujetándolo y comenzó a caminar lenta y torpemente hacia adelante, con la clásica sensación habitual de temor de tropezar con algún objeto, cuando se camina a ciegas. Durante todo este tiempo Mark trató de mantener la calma, y estaba determinado a procurar y conservar la razón,  tratar de aparentar la máxima tranquilidad posible, sin embargo, su fuerte y acelerada respiración lo delataba. Escuchó algunos susurros de voces no muy lejanas pero prácticamente inaudibles e incomprensibles, con lo que su agitación nerviosa fue aumentando. Aquellos instantes le parecieron horas más que segundos. Mark, un hombre cabal y comedido, tenía la sensación de que algo estaba sucediendo ajeno a su voluntad, se iba a desmoronar sin ningún remedio, remontarse, rebelarse, quitar el pañuelo que cubrían sus ojos, y acabar con aquella angustia, pero continuó hacia adelante valientemente.

SIGUIENTE

El Iniciado

 

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