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El arco del mal. Aquél que forma una cadena montañosa que divide Rumanía de norte a sur, y desde el centro hacia el oeste.

Una serie de pueblos antiquísimos, se difuminan bajo un paisaje lúgubre, y prácticamente infranqueable, por la presencia de gargantas profundas con lagos hondos y sinuosos.

Uno de esos pueblos está en la región de Transilvania, en el mismo centro de los Montes Cárpatos. Un pueblo que tuvo que albergar en su territorio a guerreros eslavos, romanos, mongoles, otomanos, sajones, tártaros, y aquél tan conocido y temido, ejército de Atila.

Afiladas agujas en forma de flecha, coronan las antiguos castillos de los nobles. Aterradoras defensas destinadas a castigar y repeler, la llegada de los Ángeles del Cielo. Hombres y mujeres hostiles, amantes de la oscuridad total, y cuya alma, ha sido llamada por los profundos y negros abismos del mal.

Fieles seguidores de la tortura y la impiedad, y fabricantes de las perfectas y letales armas, destinadas a quitar la vida de hombres, mujeres y niños, de los asentamientos. Armas cuyo peso y templanza, así como forma y empuñadura, ostentaban el terrible honor, de ser las más ligeras, seguras y certeras, para segar de raíz, las vidas humanas.

Armaduras perfectamente transformadas y modeladas, con revestimientos defensivos, y extremadamente duros y compactos, vestían los caballeros de la oscuridad. Invisibles a los ojos de sus numerosos enemigos, eran temidos y odiados, por rendir culto a la sangre y a la oscuridad. Antiguos escritos de alquimia y geometría, ocultados de forma deliberada al mundo, y custodiados por despiadadas enormes fieras de presa, contenían las instrucciones de ingeniería maligna de todas las formas y figuras repulsivas, que otorgaban al metal y a las armas, el más puro y templado elemento infernal.

Solían colgar por los pies a sus enemigos hasta su muerte. Lo hacían habitualmente, para verles sufrir y morir horrorizados. Y realizaban rituales de sangre, además, en los días más señalados del libro negro.

Y qué decir de los tan temidos, cíngaros de lengua propia, guardianes de las fortalezas de estos oscuros nobles, raza temida y odiada por igual, desde tiempos inmemoriales por sus costumbres paganas y de magia negra. Y su constante desplazamiento nómada, cuya tribu nunca se asentaba, salvo en esta maldita región de los Cárpatos.

La lengua podría compararse con la expresión más horrenda de la naturaleza humana. Algunas maldiciones como: «me cagaré en los de tu sangre, tu descendencia y tu clan», «mataré a toda la primera línea de tu funeral»…

Siguen los descendientes de los malvados caballeros de la antigüedad, de esta región Rumana, reconstruyendo una y otra vez, sus horrendos crímenes y costumbres desde la más soliviantada mezquindad del alma.

Reunidos en secreto, promueven todo tipo de maldades. Urden planes letales contra individuos, grupos, clanes, y sociedades. Están en todas las esferas de la tierra, desde la policía, hasta los banqueros, pasando por gobernantes corruptos y abrazando a la temible mafia negra. Mafia que parece evidente que manda en la mayoría de la humanidad, tristemente abandonada al destino, de estos malvados, oscuros, e irreconocibles, entidades letales.