LUZBE

Las advertencias no habían servido de nada, gracias en buena medida, a los medios de comunicación internacional. Sus cerebros empezaron a percibir cada vez más frecuentemente las ondas transmitidas por 5G.

La adicción a los teléfonos móviles aumentó cuando en cada terminal, se podía ver una App que predecía el futuro inmediato de cada uno. Un futuro, que por desgracia, hacía que para algunos terminará en muerte.

Algunos morían por suicidio, y otros muchos por un tipo de cáncer muy agresivo que terminaba con sus vidas en pocos días.

Las Ondas aumentaron su frecuencia, y los hogares de las personas, su intensidad se dejó notar cada vez con más claridad. Casi todos podían escuchar un ultrasonido en forma de pitido continuo que subía de intensidad, hasta llegar a ser insoportable.

Al principio los intervalos de estos pitidos eran cortos, pero pronto aumentaron, y con este aumento, empezaron los problemas. Apareció un tercer tipo de diabetes que se relacionaba con las ondas electromagnéticas. Era un tipo de radiación que alteraba el funcionamiento de las células, trastornando el devenir habitual de las mismas.

También aumentaron los ictus, y las enfermedades coronarias, debido a una coagulación de la sangre. La alta exposición a las ondas, producía un cúmulo o masa de glóbulos sanguíneos, que acababan por colapsar las arterias.

La exposición a las ondas era igual de nociva en las casas, que en la calle. En las casas, el tiempo parecía pasar veloz, cuando la televisión estaba encendida, o cuando alguien realizaba su trabajo en modo internauta.

En la calle el paso del tiempo, por el contrario, se ralentizaba un poco más, y no había esa sensación de que el tiempo volara.

Días, semanas y luego meses, iban a una velocidad de vértigo. Las hojas del calendario caían como en una oscura noche de otoño caen las caducas hojas de los grandes árboles.

Las ondas eran causantes asimismo de importantes alteraciones del sueño, afectan de lleno a la concentración mental, y los recuerdos se iban perdiendo cada día que pasaba.

Algunos no sabían ni en qué día vivían. Su desorientación era tal, que parecían simples robots, que andaban por casa de un lado a otro sin ningún propósito, o simplemente estaban sentados frente a la cuadrada pantalla plana de sus televisores de última generación.

Todos ellos por supuesto conectados a la red, y con ello a las ondas. Unas ondas que más parecían provenir del infierno, que de una antena.
El consumo de ansiolíticos, aumentó por la falta de sueño que todos empezaban a padecer, y con ello aumentó también los altibajos de humor, y apareció la ansiedad y el pánico.

Algunos empezaron a dar claras muestras de estar enfermos, decían que sufrían convulsiones esporádicas, ganas de vomitar, y frecuentes e intensos dolores de cabeza. La cosa se estaba poniendo muy fea.

Con todo esto las ondas llegaron a afectar a los cerebros, los tumores se hicieron cada vez más precoces y reactivos en ellos, y finalmente reventaban.

Sí reventaban del mismo modo que revienta una calabaza cuando se le dispara con bala desde cierta distancia. Cualquiera en cualquier lugar podría implosionar su cráneo sin previo aviso. Dejando a todos los que estuvieran a su alrededor, cubiertos por una gelatinosa y caliente y espesa masa de carne, huesos, y órganos.

Ahora aún más los suicidios aumentaron. En la calle había caos, y la muchedumbre se hizo cada vez más violenta. La policía se disipó, como se disipa la niebla en una mañana soleada. Simplemente ya no estaban en ningún sitio.

Las malditas ondas invisibles, habían sido la causa de este desencadenante episodio de locura y pánico. No habría ya forma de volver atrás, puesto que las enfermedades de la mente son irreversibles.

La instalación de ondas cada vez más potentes había sido la causa de esta tragedia. El electromagnetismo de las mismas no había sido debidamente aclarado, y nadie sabía por qué las ondas cada vez eran más y más intensas y frecuentes.

Son ondas de radiofrecuencia simultáneas y veloces, y superan con creces cualquier velocidad conocida, puesto que eran instantáneas, al mismo momento que su emisión.

La gente no se había dado cuenta de que había habido un despliegue masivo de miles de pequeñas antenas, que tenían el tamaño de un botón, que estaban activa por todas partes, y las 24 horas del día.

Las ondas ya no sólo salían de antenas que estaban en posiciones elevadas, sino que salían del mismo suelo donde estaban instaladas, cerca de las calles y las casas.

El propósito de las compañías tecnológicas era que estuvieran a unos 60 metros de distancia entre sí para asegurar la interconexión de los millones de dispositivos inteligentes inalámbricos con los que interactuaban en la red, hombres, mujeres y niños. Sistemas inteligentes de transporte, así llamaron a estas ondas del terror.

Algunos intentaron eliminar todo dispositivo electrónico que estuviera a su alrededor, para disminuir así la exposición a las ondas, pero las radiaciones electromagnéticas y sus efectos eran ya enormes.

De nada serviría ya, desconectar la fibra óptica y los dispositivos fijos, como la impresora, el robot limpiador, o el robot domótico de las grandes compañías de Internet de las cosas.

Algunos piensan que esto se podría haber evitado, parando las emisiones del 5G, que en grandes ciudades como el seno de la Unión Europea (Bruselas), había logrado detener, o alguna zona del Reino Unido que también lo logró. Pero no había servido de nada.

ONDAS 5G

En un mundo en el que importa más el dinero que la vida, los magnates sellaron su destino. Comités científicos corruptos, que asesoraban en materia de radiofrecuencias, habían hecho oídos sordos a los peligros amenazantes de la nueva e intensa magnitud de las ondas.

Informes de Salud, aseguraron que no había relación directa de enfermedad con las ondas, ni que hacía falta prohibir el despliegue de estas ondas del terror. Confirmaban que las opiniones vertidas al respecto, eran puros bulos o fake news, de teóricos de la conspiración.

Dijeron que las repercusiones en la salud de las personas, no habían demostrado evidencias que respaldan dichas opiniones.

Gracias a estos perturbados el mundo cayó en la mayor desgracia en siglos, y sucumbió al terror de las ondas, como quien sucumbe a una invasión extraterrestre.

Los culpables pagarían sus mentiras con enfermedades y dolor insoportable, y sufrirían como el resto de los mortales.

Una vez más, nos valimos solitos para hacer estallar nuestras cabezas literalmente, sin ayuda de nadie, dejando así desvalidos a las personas inocentes de lo que había sido una trama multimillonaria, de unos cuantos magnates sin escrúpulos.

No hizo falta que la biología ni las armas acabaran con la humanidad. Lo hizo el propio ser humano. El único animal inconsciente que tropieza dos veces en la misma piedra.

Mientras todo esto sucedía, los habitantes de otros mundos, estaban preparando la mudanza para instalarse en un planeta apagado tecnológicamente, cuando ya todos habían muerto, y las infraestructuras tecnológicas habían dejado ya de funcionar.

Fin.

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