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LA PELEA

Los grandes perros daban un respeto evidente. Acariciarles el lomo, sería tan osado como intentar meter la mano en un ventilador de aspas, o en una hélice de grandes dimensiones.

A pesar del temor que ambos sintieron, continuaron por el mismo camino aún sabiendo que se tenían que cruzar en la estrechez de la oscura callejuela. El ritmo de los pasos de ambos hombres era ahora irregular, ya no caminaban con la misma seguridad de antes, iban muy indecisos, con temor… precavidos, alterados, y esperando algún tipo de desenlace no deseado.

A pesar de ello, los dos grandes perros parecían amables y tranquilos, su respiración era normal, y no ofrecían ninguna evidencia de sentirse bajo presión. Así que el paso de los dos hombres fue haciéndose regular, y al mismo tiempo, la seguridad y la confianza al caminar, iba ganando terreno paulatinamente.

Justo en el momento en que ambos se cruzaban, los animales se alzaron sobre sí mismos repentinamente, se giraron, y se enfrentaron el uno al otro en descomunal y salvaje pelea. Apenas ladraron, sólo se pudo escuchar el rugido de ambos, algo parecido a crujidos y resoplidos salvajemente furiosos y amenazadores.

La visión de lo que sucedía comenzó a ser cada vez más  dantesca, espeluznante, mostraban sus brillantes y afilados colmillos blancos a cada dentellada.

Los colmillos de los dos perros iban sobresaliendo cada vez que abrían y cerraban sus enormes bocas, a cada mordisco, a cada tirón de mandíbula. Una vez que tocaban carne, el ímpetu de las bocas de aquellos enormes perros, parecían verdaderas garduñas humanas.

La sangre que manaba producida por la funesta pelea, salpicaba intermitentemente a los dueños de los perros que contemplaban horrorizados la fiereza de los continuados ataques. Aquellos antes envalentonados hombres, parecían ahora poco menos que insectos, su valor había desaparecido por completo, y su hombría había dejado paso a su cobardía y temor irremediables.

La pelea había comenzado de forma abrupta, y ya era demasiado tarde para volver atrás o lamentarse.

Era además una pelea sin ninguna duda, a muerte. Aquellos hombres perdieron por completo el control, y fueron arrastrados con fuerza de un lado a otro por aquellos furiosos animales. Les era imposible aplacar la fortaleza de ambos animales… Se vieron dominados totalmente, y también sometidos a la voluntad salvaje y depredadora de aquellos monstruosos animales enfurecidos.

SIGUIENTE

La Pelea

 

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