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La bruja empezó el ritual de la cábala. Prendió fuego a las velas para realizar la tan temida magia cabalística. Mal comienzo había sido aquel, pues las velas para nada son necesarias. El fuerte olor que desprende la cera al quemar, inicia verdaderos temores ancestrales de muerte, y rituales malignos.

La iluminación producida por las velas, parpadeó intermitente. Eran movidas abruptamente, por el aliento galopante de la vieja bruja. Las experiencias desagradables, se sucedieron una tras otra, en forma de amarga lección del inconsciente.

Los trabajos prácticos de brujería,  provocan un desequilibrio mental en la persona que los practica. La armonía de las cosas se rompe, la sensación de bienestar se tambalea, y más tarde, desaparece. Sólo queda el temor, de haber desencadenado algún poder oscuro, y tenebroso, no deseado.

Sobre el tapete, de su pequeña y redonda mesa de rituales, extendió con parsimonia dos sedosos pañuelos de color rojo, y azul. Los colores que representan el fuego, y el agua. Inmediatamente, depositó sobre ellos, una pequeña ofrenda, que tenía, por similitud: la cabeza de un hombre, las alas de un ave de presa, y el cuerpo de un felino con cola de toro. Tan sólo observar aquella abominación, y lo que representaba, hacía mover los sentidos de la bruja, hacia el más profundo de los trances.

Empezó a pronunciar los párrafos contenidos, en un viejo libro de Gramática del Infierno. Mientras tanto, una espesa y rancia atmósfera, se concentraba en el recinto oscuro, y tétrico, que nublaba la luminosidad de la inquietante luz de las velas.

El sistema mágico ritual, que la bruja utilizaba ese día, era de los más potentes, tenebrosos, y oscuros, de entre todos aquellos que podrían realizarse. No en vano, en alguna ocasión, el haberlo solamente intentado, le había provocado un sin fin de catástrofes personales, y violentas, sobrevenidas. Como el fatal desenlace, de ser atacada por un demente en plena calle, al día siguiente de haberlo practicado.

Hundió sus ojos, centrándose totalmente en la lectura, y apuntó una serie de números y letras, de un código cabalista antiguo y, oculto, al común de los mortales. Su esencia secreta, y el misterio del oscuro código, ya había sido probado con éxito, por  personajes de la Edad Antigua, para manipular la voluntad, y pronosticar acontecimientos premeditados.

La bruja alcanzó un estado de super-consciencia, había cruzado la fina línea del mundo terrenal. Fue entonces, cuando sufrió la experiencia más terrible, que cualquier ser humano podría tener. Se retrotrajo hasta el útero materno, hasta la misma matriz del vientre de su progenitora, y allí, se perdió por los siglos de los siglos.

La vieja bruja había muerto. La desgraciada yacía en el suelo en posición fetal.

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