Página 5

EL INICIADO

Escuchó el sonido inequívoco de una puerta al abrirse y acto seguido se cerró. Le fue retirado el pañuelo y pudo comprobar que su acompañante era una persona distinta a la anterior, un poco más joven que la anterior, pero con el mismo semblante sobrio y elegante, y con el mismo atuendo.

Aquel miembro de la Orden le dijo que la iniciación comenzaría con una meditación en aquella pequeña sala. Un recinto sin ventanas que semejaba el aspecto de una antigua biblioteca. Mark también pudo notar y oler el tan conocido aroma que desprende la cera de las velas al quemarse. Inmediatamente el miembro señalado de la Orden se retiró poco a poco y con parsimonia del lugar, cerró la puerta tras de sí, y Mark quedó aislado en la más completa y absoluta soledad.

Ahora estaba menos nervioso. A medida que transcurría el tiempo, su sosiego se iba acentuando, sus músculos se relajaron y su nerviosa mente endiablada minutos antes, había cesado y dejado de galopar en un mar de sensaciones angustiosas y atemorizantes.

Lo primero que puedo notar fue el silencio reinante a su alrededor, pensó que probablemente la sala estaba provista de algún tipo de revestimiento que cumplía esa función, con algún propósito concreto. Pudo ver los objetos de la sala, y, en el acto, fijó toda su atención en una tétrica y reducida calavera que estaba sobre un pequeño escritorio, sobre el cual unas pequeñas velas a modo de candelabro iluminaban ligeramente aquella pequeña cabeza humana. Aquél era uno de los símbolos, que sin duda, más impacto en Mark. Sabía perfectamente que la cabeza ósea o cráneo humano, tenía un valor simbólico trascendental. Para los iluminados, representaba lo que resta del ser vivo una vez destruído el cuerpo, era por tanto el símbolo de la caducidad de la existencia. Aquella calavera era, sin embargo, reducida y siniestra si cabe. Se acercó y pudo comprobar que no era de material plástico ni nada parecido, era claramente una calavera de hueso auténtica, y para él, cruel y horrible. Le recordaba claramente lo que habían sido episodios fúnebres del pasado. Muertes de familiares, y de algunos conocidos que habían fallecido por diversos motivos tempranamente, bien por enfermedades, bien por accidentes de circulación o de otro tipo. Mark había visto ya demasiada muerte durante su carrera de medicina, y su posterior profesión de médico.

Permaneció paralizado unos instantes con la mirada fija en la calavera, y finalmente desvió la mirada para observar los restantes objetos. Veía lo que parecían viejas biblias negras, una de las cuales estaba abierta sobre un atril de pulcra y oscura madera. También pude ver que la base del candelabro era una estrella de cinco puntas. En la pared frontal vio la escuadra y el compás, emblema que conocía sobradamente, e incluso había indagado sobre su significado, aunque probablemente el significado secreto fuera otro.

El tiempo transcurría en silencio cuando observó un pequeño reloj de arena situado en una esquina del escritorio, el cual dejaba caer una finísima arena de color negro. Allí permanecía inmóvil, mirando de cuando en cuando, a la tétrica calavera, cuando sin esperarlo, la puerta fue abierta tras de sí. Se giró y se levantó sobresaltado.

Esta vez vió a un grupo de miembros de la orden en el umbral de la puerta, y le señalaron el camino para que se dirigiera al sagrado salón donde tendría lugar la iniciación.

Caminaba ya seguro de sí mismo, puesto que podía ver y observar todos los detalles y objetos que se hallaban en su camino. El salón estaba cerrado con dos imponentes puertas decoradas con diferente simbología parecida a la masónica.

Esperando en el umbral de la sala, recordó que los masones ofrecían sus servicios tradicionalmente al Ángel de Luz, ya que para los miembros de la Orden, él era el verdadero mesías, pues creían, y así lo habían dicho en algunas ocasiones, que el Dios, para y  de los cristianos, era un Dios vengativo y despiadado.

Vino pues a su mente la imagen de Lucifer personificada, lo imaginó como el propulsor de la Orden a la que iba a pertenecer, y eso no le gustó en absoluto. Seguía convencido por sus conocimientos de viejas costumbres religiosas, que lo que envolvía a Lucifer era más bien de carácter malvado, algo que habría de temerse. Una entidad espiritual maligna que provocaba todo lo negativo. Terror, miedo, angustia, ansiedad, desasosiego, venganza, humillación, en definitiva, el temor a la propia muerte. Todo eso iba danzando en la cabeza de Mark durante su corto trayecto hasta llegar a aquel viejo salón, donde se produciría la iniciación.

A Mark aquella adoración que se remontaba a las deidades del Antiguo Egipto, no le gustaba, pero, sin embargo, era más fuerte la fascinación y el ansia por descubrir los secretos que tan celosamente guardaban los miembros de la Orden. Creía que ese conocimiento le serviría para promocionarse infinitamente más de lo que lo haría por los medios establecidos para ello. Así que su determinación era realizar la iniciación y descubrir los posteriores secretos celosamente guardados.

Las puertas se abrieron ante él y un fuerte olor a cirios quemados impregnó de lleno el lugar. Dentro Los miembros de la Orden vestían brillantes túnicas plateadas y dorados collares que señalaban la experiencia y el cargo de cada miembro, con diferentes emblemas y distintivos. Mark vivía una sensación de fascinación y sorpresa, unida a una sensación de vínculo espiritual, que le ligaba con los conocimientos más antiguos, y con los secretos mejor guardados del mundo conocido.

Justo enfrente tenía el gran altar de la Orden, donde pudo ver con claridad los signos zodiacales. Fijó su mirada en los detalles de la numerosa simbología que tenía referencias masónicas, y le sorprendió bastante que todos los miembros tuvieran ocultos sus rostros mediante holgadas capuchas, y que mantuvieran su privacidad por la difusa oscuridad de sus profundos asientos.

El gran maestre, o presidente de la logia, a diferencia del resto,  ocultaba su rostro con una especie de máscara gótica arcaica, en cuya parte frontal estaba claramente grabado el pentagrama invertido, símbolo atribuido a la alquimia y a la denominada magia oscura satánica y sangrienta.

Mark comenzó a sentir un calor corporal interno que nunca antes había sufrido. Le subía desde sus órganos reproductores, a modo de expansiva fiebre o enfermedad destructiva. Perdió casi toda su fuerza vital y sus constantes disminuyeron hasta desaparecer. Su defectuosa visión comenzó a nublarse y a supra-iluminarse, como si mirara a través del agua cristalina, y pudo ver destellos de luz, que su cabeza y sus sentidos producían intermitentemente. Mark se desplomó sobre el duro y liso suelo, la extrema profunda negritud de la oscuridad total, el insidiosos camino a la nada, le habían sobrevenido en ese mismo instante.

Con una fuerte inspiración, y una sensación de fuerte ahogo, Mark recuperó los sentidos, notó un olor fuerte y dulzón que desconocía. Nunca antes había experimentado ese olor, era repulsivo. También noto el aire húmedo y caliente, mientras se incorporaba desde el suelo. Todo tenía una explicación, más bien lógica, a no ser por lo terrible de los sucedido.

Mark se encontraba en el medio de un espectáculo horrendo,  en el escenario de una carnicería de cabezas cercenadas, miembros amputados y abundante sangre repleta de vísceras. Además sobre el suelo se hallaban esparcidas partes de dientes, miembros… las partes color carne que parecían amontonadas unas sobre otras daban una imagen infernal, caótica y terrorífica. Mark pétreo y aterrorizado, no pudo articular ningún sonido, nada salió de su garganta, a excepción de un desconsolado suspiro profundo. Sólo hizo una cosa, giró sobre sus pasos y corrió buscando una salida, para poder salir cuanto antes de aquel espantoso lugar, librarse de aquel insoportable olor, y dejar de contemplar aquél infernal espectáculo irrepetible.

La iniciación resultó una insidiosa fatalidad para Mark. Podría decirse que Mark había perdido la cabeza, y que en su inconsciencia había mutilado a todos los seres que habitaban la Sala de Iniciación. Nadie más estaba con vida allí excepto él.

¿Pero acaso es posible que un hombre sólo pueda hacer frente, y descuartizar a un grupo numeroso de sus semejantes?, ¿O alguien acudió a la iniciación con la intención de realizar tan funesta carnicería? Evidentemente, nadie a parte de Mark y los miembros de la Orden, conocían el emplazamiento de la iniciación, por lo que algo o alguien desconocido lo provocó, quizá una deidad antigua, un poderoso ser de luz omnipresente, o quizá el mismo Lucifer, que cansado de oír viejas y consumadas oraciones de los miembros de la Orden, decidió darles un escarmiento e imponerles como castigo, una masacre sangrienta difícil de olvidar.

Se guardará en secreto quién pudo ser el responsable de lo acontecido en aquella aciaga iniciación.

Fin.

El Iniciado

 

error: Content is protected !!