Seleccionar página
Acantilado Escarpado
Acantilado Escarpado

Pronto amanecería, y con el amanecer, el sol podría volver a salir. Sin embargo, ese día tardaba más de la cuenta en amanecer. Aún permanecía la espectacular vista del cielo estrellado, bajo la luz del alba. Los tonos azul oscuro eran los predominantes ese día.

En su parte del cosmos, la luna brillaba con fuerza, con una luminosidad casi incandescente. Aquél foco de luz plano no tenía casi sombras en su grandeza. Así observaba la nunca soñada luna, pero siempre a menudo vista en la noche estrellada.

El viento soplaba frío y penetrante, con un sonido suave y continuo, como el de un susurro en la noche, como una onda suave de tono bajo.

Sonó de repente un estrepitoso estruendo, que llamó mi atención. Miré en dirección al impactante, fortuito y sonoro clamor. Ahí vi desde mi posición elevada, el romper violento de las olas del océano, contra las agujas afiladas de piedra rocosa, irregularmente desgastadas a través de largos años de embates violentos.

Era la hora del amanecer, y la luz de la mañana hizo un gran esfuerzo por aclarar su tono, pero permaneció en semipenumbra, debido a una espesa niebla húmeda y fría, que subía lentamente desde el fondo, hasta mi posición.

Cuando mi cuerpo pudo reaccionar al despertar de mis sentidos, vi que estaba encaramado, en lo alto de un escarpado acantilado. Hacia arriba tan solo quedaban algunos metros para llegar a la cota más alta de la roca.

Subir era imposible, arriesgado y totalmente peligroso. La roca estaba como cortada en fragmentos puntiagudos, lo que profería un aspecto de inaccesibilidad y de hostilidad al mismo tiempo.

Me dispuse a bajar hacia el fondo del acantilado, pero el peligro era tal, que nada hacía presagiar el éxito de ese propósito. Cuando intentaba desescalar dos pasos, habría de retroceder uno, para sentirme a salvo, en una zona de posición firme, y fuera de peligro.

La niebla fue disipándose, y la claridad de la vista, fue desoladora. El acantilado era un risco, un islote, en el que el embravecido océano, golpeaba continuamente sus olas. El espanto de estar en aquel lugar, me encogió hasta llegar a sentirme insignificante.

A pesar de todo, volví a intentar bajar, rodear el islote, y poder al menos ir disminuyendo la altura, que ya me empezaba a producir vértigo. Aquella tarea, era lo más peligroso que había hecho en mi vida.

Cualquier intento de bajar, entrañaba un riesgo mortal a cada paso. Poner el pie en una zona era una tarea muy difícil por lo resbaladizo de la roca. Las manos aún tenían más capacidad de agarre en la viva y húmeda roca, pero cada vez era más doloroso el intento de afianzarse, y hacer fuerza para sujetarse.

Al cabo de algún tiempo, entre intentos vanos y miradas furtivas hacia el fondo, hicieron que perdiera por el sudor, gran cantidad de agua. Así que la sed empezó a hacer acto de presencia.

No tenía la más remota idea de porqué me encontraba en aquel lugar tan horrible y peligroso, tan aislado y solitario, y tan tenebroso. No quería ni pensar en el final, de aquella situación. Así que únicamente mis pensamientos producían la cruda realidad, la de que era una pesadilla de la que no podía salir, en la cual que estaba atrapado allí.

Pesadilla o no mis lectores, la situación es que de ninguna manera se podría bajar de allí. Así que piensa fríamente en que podrías hacer ante tal situación.

Hombre Lobo
Influencias Satánicas
Posesión Demoníaca
La Dimensión Desconocida
VUDÚ
Orden del Dragón
error: Content is protected !!